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Leer para clasificar, no adivinar por el nombre
El agente recorre la carpeta, abre los ficheros y extrae su texto: PDF con texto, Word, Excel, texto plano, CSV. Con eso sabe si lo que tiene delante es una factura de la luz de marzo, un contrato de alquiler o una póliza, y no depende del nombre que traía.
A partir de ahí renombra con el patrón que le digas (año, tipo, emisor, importe) y mueve cada cosa a su carpeta. Le puedes pedir primero la propuesta: una tabla con el nombre actual, lo que ha entendido y el nombre nuevo, para aprobarla antes de que toque nada.
2
Los escaneos, que son el caso incómodo
Buena parte de los documentos de casa son escaneos o fotos. Una foto suelta la mira el modelo de visión y de ahí sale su contenido. Un PDF escaneado es otra cosa: por dentro es una imagen, no lleva texto, y el Nodo lo detecta y lo dice en vez de clasificarlo a ojo por el nombre del fichero.
El Nodo no rasteriza ese PDF por su cuenta ni trae OCR. Si en esa máquina hay una herramienta de rasterizado o de OCR instalada y concedes ejecutar comandos, el agente puede convertir la página en imagen y leerla. Sin eso, lo práctico es dejar que ordene todo lo que sí tiene texto y quedarte con la lista corta de escaneados.
3
Deshacer un cambio de opinión
Antes de modificar o borrar un fichero, el Nodo guarda una copia de la versión anterior en la propia carpeta de trabajo, y eso incluye lo que se borra entero. Un criterio de orden que no te acaba de convencer no es un desastre, es un paso atrás.
Y queda la traza de la tarea: qué hizo con cada fichero, paso a paso y exportable. Revisar un lote de trescientos documentos sin abrir los trescientos se hace ahí.