1
En qué formato te llegan los CVs, que es media batalla
La mayoría llegan en .docx o en PDF. Los dos se leen: el agente extrae su texto directamente, fichero a fichero. Lo que no entra en el índice consultable son precisamente el Word y el Excel, así que para una tanda de CVs la ruta buena es leer y extraer, no indexar.
El caso a tener en cuenta es el PDF escaneado: si alguien manda su CV fotografiado, por dentro no hay texto que extraer, y el Nodo lo dice en vez de inventarse el contenido. El Nodo no trae OCR ni rasteriza esa página por su cuenta. Con el permiso de ejecutar comandos y una herramienta de rasterizado o de OCR instalada en esa máquina, el agente sí puede convertirla en imagen y leerla; sin eso, esos ficheros los revisa una persona. Conviene saberlo antes de lanzar la criba y no al ver filas en blanco.
2
Los criterios los escribes tú, en tus palabras
No hay una fórmula oculta de puntuación. En el encargo pones lo que buscas (años en un puesto, una titulación, un idioma, disponibilidad, la herramienta concreta) y el agente rellena una columna por criterio con lo que ha encontrado y de dónde lo ha sacado.
El resultado es un Excel con una fila por candidato: nombre del fichero, los campos extraídos, qué criterios cumple y una frase de resumen. Ordenar esa tabla por lo que a ti te importe es un clic tuyo, y cambiar de criterio a mitad no obliga a releer nada a mano: se repite el encargo.
3
Por qué no te damos un ranking que decida
Podríamos pintar un número del 1 al 100 y quedaría muy bien en una demo. El problema es lo que pasa después: nadie vuelve a abrir el CV del que sacó un 41. Un orden automático deja de ser una ayuda y se convierte, de hecho, en la decisión.
Y hay una razón legal además de una razón sensata: una decisión sobre una persona basada solo en un tratamiento automatizado no se sostiene. Aquí el agente prepara el material para que la criba la haga alguien con la tabla delante, mirando también a quien no encaja en la casilla.