1
Qué guarda nuestro servidor, exactamente
De cada sesión conserva seis campos sin contenido: un identificador, tu cuenta, el estado, la fecha y a qué workspace y receta corresponde. Lo justo para poder listarlas en la pantalla.
El texto de tus encargos, los pasos y los informes no están vacíos en la base: las columnas están eliminadas del esquema. Es una diferencia importante, porque una columna vacía se puede volver a llenar con un despliegue y una columna que no existe, no.
2
Quien controla la máquina, controla los datos
Esto corta en los dos sentidos y conviene decirlo entero: si el Nodo corre en tu servidor, nadie de fuera alcanza esos documentos. Y quien administra esa máquina sí los alcanza, igual que alcanza cualquier otra carpeta del disco.
Por eso el reparto por persona se hace sobre carpetas concretas del Nodo, y por eso ejecutar comandos de shell es un permiso separado que va apagado por defecto: dentro de una organización, el perímetro útil es el de las carpetas, no el de la máquina.
3
Lo que aprende tu agente se queda en tu cuenta
Mycel trae un recetario curado por nosotros, escrito por nosotros, que hace que tu agente empiece sabiendo cómo se resuelven las tareas típicas. No sale de ningún usuario.
Además, tu agente destila su propia forma de resolver lo que le encargas, y eso solo se le sirve a tu cuenta. Lo tuyo no alimenta al agente de nadie más, y el de nadie más te trae su ruido.