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El Nodo en tu servidor, no en un portátil
El ejecutable del Nodo corre en tu servidor, el de la oficina o un VPS europeo tuyo, en vez de en un portátil. Ahí ejecuta las tareas, guarda los ficheros y dispara las automatizaciones aunque nadie tenga su ordenador encendido.
Lo que sale de tu red es la orquestación: el encargo viaja por nuestro relevo hasta tu Nodo y el estado vuelve por ahí. El contenido no, ni los documentos ni los pasos ni los informes, porque las columnas donde iría están eliminadas del esquema. De cada sesión quedan seis campos sin contenido (identificador, cuenta, estado, fecha, workspace y receta), lo justo para poder listarlas.
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Un Nodo por oficina, y dentro el acceso por persona
Una organización rara vez quiere un Nodo: quiere varios. Uno por oficina, por departamento o por cliente, cada uno en su servidor y con sus carpetas. Lo que no comparten es el disco, así que lo que alcanza la oficina de Valencia no depende de que alguien se acuerde de filtrar.
Dentro de cada Nodo el reparto se hace por persona, con cuatro roles (dueño, admin, operador y supervisor) y con carpetas concretas, no con el disco entero. El administrativo llega a la carpeta de su trabajo y no a la de nóminas. Ejecutar comandos de shell es un permiso aparte, apagado por defecto, así que conceder una carpeta no concede una consola.
Y queda registro: cada tarea guarda quién la lanzó, qué herramienta usó y qué devolvió, y se exporta entera en JSON. Es lo que hace falta el día en que alguien pregunta, seis meses después, quién tocó un expediente.
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Qué hace falta operativamente
El Nodo es un ejecutable sin dependencias más allá de su librería de sockets: no arrastra un entorno que haya que mantener, ni una base de datos que administrar. Se puede desplegar también por contenedores.
Si quieres modelos locales en ese servidor, necesita GPU suficiente para un modelo de 30B, del orden de 24 GB. Si prefieres no poner GPU, el mismo Nodo trabaja con una clave de API y los prompts van directamente de tu servidor al proveedor. Si quieres una mano para montarlo, escribe a Ramón López y lo veis.